Crónica del Bonvivir Wine Tour

Juan Manuel Cuello, socio de BONVIVIR, nos regala una crónica de un viaje inolvidable.

Por BONVIVIR

30 de Mayo de 2024

Como sucede con algunos relatos literarios muchos autores eligen comenzar por el final, lo que supone un desafío extra para el escritor que deberá encontrar la manera de que el lector, ya con el resultado puesto, no le encuentre interés y abandone la historia al segundo o tercer párrafo. Y creo que esta crónica puede empezar por el final del viaje cuando los veinticinco participantes y el equipo de Bonvivir liderado por Tere García Santillán y Paula Sciarreta alzaron las copas llenas brindando por un viaje increíble que no fue solo sobre vinos, fue sobre la conexión humana y la belleza de compartir momentos únicos con personas increíbles.

Todo comenzó cuando aquel mail llegó a mi casilla

Cuando los socios recibimos el correo donde se nos invitaba al primer Bonvivir Wine Tour, no tuvimos tiempo de pensarlo mucho, las plazas eran pocas y la decisión debía ser rápida. Así nos sucedió a todos los que decidimos ser parte de una aventura que reunió a veinticinco socios en un viaje inolvidable por el corazón vitivinícola de Argentina.

Desde el primer momento, la calidez y la hospitalidad de los mendocinos nos envolvieron en un ambiente de camaradería y disfrute. Recorrimos ocho bodegas emblemáticas: Mil Suelos, Finca Flichman, Finca Decero, Durigutti, Atamisque, Domaine Bousquet, Huarpe Riglos y Penedo Borges, donde fuimos recibidos con los brazos abiertos por sus dueños y enólogos.

Más allá de la degustación de más de 60 vinos excepcionales, cada bodega nos ofreció un recorrido por sus viñedos o sus instalaciones, permitiéndonos apreciar el proceso de elaboración del vino desde la uva hasta la fermentación, el riego y los cuidados que requieren las vides. Cada paso, cada detalle, nos acercaba a la magia de este elixir que nos une.

Pero el Bonvivir Wine Tour no fue solo sobre vinos; fue también sobre el placer de compartir, de descubrir nuevos sabores y aromas, de conocer a personas con la misma pasión por la buena vida. Alrededor de cada mesa, entre brindis y risas, se tejieron historias, se compartieron anécdotas y se forjaron nuevas relaciones. La organización impecable del evento, a cargo del equipo de Bonvivir, nos permitió disfrutar al máximo de cada experiencia, sin preocupaciones y con la atención personalizada que nos hizo sentir únicos.

Regresamos a casa con el corazón lleno de gratitud, con la memoria repleta de paisajes inolvidables y con el paladar impregnado del sabor único del vino mendocino. Pero, sobre todo, regresamos con un tesoro invaluable: un grupo con el que compartimos la pasión por la vida, por el buen vivir y por el vino que nos une.

Día 1: Bodega Mil Suelos: el inicio de una aventura

El jueves, a las seis y media de la tarde, en el lobby del hotel NH Cordillera, Tere García Santillán y Paula Sciarreta nos dieron la bienvenida al Bonvivir Wine Tour. Desde allí, partimos hacia la bodega Mil Suelos, donde sus dueños, Jeff Mausbach y Alejandro "Colo" Sejanovich, nos recibieron con los brazos abiertos. Sejanovich, enólogo de la bodega con más de ochenta etiquetas, nos contagió su pasión por la innovación y la búsqueda constante de la excelencia.

Los socios de Bonvivir nos embarcamos en un viaje sensorial, degustando una selección de tintos (Manos Negras Pinot Noir, Manos Negras Malbec Stone), blancos (Manos Negras Sauvignon Blanc, Zaha Semillón) y espumantes (Zaha Calcaire, Teho Remuage Nature). Cada vino, una explosión de sabores y aromas que maridaban a la perfección con las exquisitas creaciones del restaurante recientemente inaugurado: empanadas, sopa de calabaza y un prime rib que coronó la velada.

Sejanovich y Mausbach compartieron la mesa con nosotros, revelando los secretos de su pasión por la elaboración del vino. Sus palabras, llenas de entusiasmo y conocimiento, nos acercaron aún más a la magia que se esconde detrás de cada botella. Con ganas de quedarnos ahí toda la noche, nos despedimos de Mil Suelos, listos para continuar nuestra aventura en el corazón vitivinícola de Argentina.

Día 2: Finca Flichman: Un viaje a través del tiempo en cada copa

En la fría y nublada mañana del viernes nos recibió **Rogelio Robino, Director de Enología y Vitivinicultura de una de las bodegas más antiguas de Mendoza: Finca Flichman. **Con la pasión de un maestro, nos sumergió en la rica historia de la bodega, su presente vibrante y su prometedor futuro.

Recorrimos los viñedos, donde Robino nos explicó los factores determinantes para obtener uvas de la calidad y características deseadas para cada tipo de vino. Nos adentró en el cuidado meticuloso de las plantas, revelando los secretos que dan vida a los frutos.

Al ingresar a las instalaciones, con una capacidad de elaboración anual de siete millones de litros, nos anunció que habría una sorpresa, pero no dijo más y visitamos un museo de vinos, donde hay cientos de botellas ordenadas por año, y que las más antiguas datan de 1940. En la actualidad, se lleva a cabo un delicado proceso de recorchado, un procedimiento clave para preservar la calidad del vino a lo largo del tiempo.

La gran sorpresa llegó al final del recorrido: una cata vertical de vino tinto Syrah, con ejemplares de 1979, 1992 y 2022. Rogelio Robino, con entusiasmo contagioso, nos explicó que esta experiencia poco común era posible gracias a las gestiones de Tere García Santillán. Entre empanadas de carne hechas por la cocinera histórica de la Bodega Finca Flichman, degustamos un vino con más de cuarenta años, que aún se conservaba en perfecto estado, transportándonos a un viaje en el tiempo y por la historia del vino argentino. El segundo día del tour, arrancaba de la mejor manera.

Finca Decero: Un lienzo en blanco donde nace la magia

Tras la fascinante visita a Finca Flichman, Tomás Hughes, enólogo de Finca Decero, nos recibió con una cálida sonrisa en un paisaje que nos invitaba a descubrir. Antes del almuerzo, recorrimos los viñedos que son propiedad del suizo Thomas Schmidheiny, donde Tomás nos reveló el origen del nombre: "Finca Decero" nació como un proyecto que arrancó desde la nada, desde la plantación del viñedo hasta la construcción de las impecables instalaciones que hoy se alzan con orgullo, con poco más de dos décadas de vida.

Entre las hileras de vides que se extendían hasta el horizonte, Tomás nos guió por un viaje sensorial, explicando las características del suelo y cómo el agua que desciende de la cordillera moldea su composición, otorgándole al vino las particularidades únicas del terroir.

El frío mendocino no impidió que disfrutáramos de un exquisito almuerzo: empanadas como entrada y una reconfortante cazuela de carne que nos llenó de energía. En dos largas mesas, rodeados por la calidez de la compañía de los socios de Bonvivir, degustamos una selección de vinos excepcionales: Remolinos Cabernet Sauvignon y Malbec, ambos de 2019, y de la línea Mini Ediciones, el Rosé, el Cabernet Franc y el Petit Verdot. Para finalizar, el enólogo nos deleitó con el Syrah de la línea signature. Promediaba la tarde, y quedaba todavía una escala.

Durigutti: Un refugio de pasión y tradición en medio de un atardecer mendocino

Al finalizar una jornada más que intensa, marcada por un cielo inusualmente nublado en la provincia, nos dirigimos a la bodega de los hermanos Héctor y Pablo Durigutti, la última parada de un día repleto de vino, aprendizaje y sorpresas.

En Las Compuertas, bajo la luz tenue del atardecer que intensificaba el frío, Pablo Durigutti nos recibió con la calidez de un mate y un termo, un gesto que nos hizo sentir como en casa. Recorrimos los viñedos mientras él, con una pasión contagiosa, nos narraba la esencia de su proyecto enológico, un proyecto que también es un compromiso con el medio ambiente.

Su filosofía de preservación los ha llevado a trasplantar viñedos enteros de la zona amenazados por proyectos inmobiliarios, conservando la genética de las plantas que dieron impulso al vino argentino desde sus inicios. Además, en su finca trabajan principalmente con mano de obra local, impulsando el desarrollo de la comunidad.

Al ritmo de música chill out, los socios de Bonvivir disfrutamos de un tapeo con diversas estaciones, degustando una variedad de pequeños platos acompañadas por una selección de vinos. Entre ellos, destacaban el Malbec Reserva HD, el Carmela Reserva Malbec, el Marsanne Semillón de Las Compuertas y el Malbec 5 Suelos de la misma línea. También tuvimos la oportunidad de probar dos vinos poco comunes de la línea Inframundo: el Natural Rose Cabernet Franc y el Natural Naranjo Semillón.

La búsqueda constante de nuevas etiquetas es parte del espíritu Durigutti. Pero no solo elaboran vinos excepcionales, sino que también han creado un Vermú Rosso llamado "Guardianes del Cerro" con un dejo a Negroni, y una grapa de estilo italiano que calentó nuestro espíritu al finalizar la visita.

Día 3: Atamisque: Un oasis de armonía bajo el sol mendocino

El sábado, al comenzar el tercer día, la mitad de las bodegas aún nos esperaban. El viaje ya había superado las expectativas de muchos socios de Bonvivir, y aunque sabíamos que mantener el ritmo sería un desafío, el sol radiante de mayo, el cielo azul y la quietud del viento prometían un día especial, un contraste con la jornada anterior.

Con la cordillera blanca de fondo, llegamos a Atamisque, donde nos recibió con entusiasmo uno de sus enólogos, el mendocino Adrián Vargas. Nos narró la historia de la bodega, nacida en el año 2006 por iniciativa de Jean-Edouard de Rochebouet, quien convenció al inversor francés John Du Monceau de iniciar un proyecto en una antigua finca de frutales.

La totalidad de las instalaciones están construidas con piedra. El diseño arquitectónico está oensado para integrarse armoniosamente al paisaje y con sus gruesos muros, regular naturalmente la temperatura. Recorrimos los pequeños montes de plantas autóctonas que dan nombre a sus líneas de vino: el arbusto atamisque, el serbal de la familia de las rosáceas, y el catalpa, un árbol que alcanza hasta diez metros de altura. En la bodega, Adrián Vargas nos guió con pasión por el proceso de elaboración del vino, permitiéndonos degustar vinos recién volcados a los tanques, obtenido de uvas cosechadas en febrero de este año y que recién comenzaban su largo viaje hacia la botella. Entre ellos, destacaron el Chardonnay Catalpa y el Malbec en sus tres líneas.

Al mediodía, bajo la sombra de los árboles que inspiran sus vinos, una mesa nos esperaba con empanadas de carne y verdura. Para el brindis, dos opciones: espumantes rosados de la línea Philippe Carrugell, y de la línea Atamisque, La Consulta Gran Malbec 2019.

Domaine Bousquet: Un encuentro con la pasión y la innovación en el corazón de Mendoza

El sábado al mediodía, **Domaine Bousquet nos abrió sus puertas, una bodega liderada por Anne Bousquet. **Con orgullo, nos presentaron su portfolio de vinos orgánicos certificados desde su origen.

Recorrimos la bodega guiados por Mariano Yasar, miembro del equipo enológico junto a integrantes del equipo de agronomía, quienes trabajan en estrecha colaboración para alcanzar los objetivos de la bodega. Pero antes dimos un paseo por la huerta orgánica, donde comenzó una degustación de lo más variada, iniciando con un Gran Chardonnay del 2021 y un Virgen Red Blend del 2022.

Luego, nos adentramos en las instalaciones de la bodega, donde Serrano nos explicó las características de los vinos orgánicos y las innovaciones que están implementando para el cuidado eficiente de la energía en el proceso de producción y estiba.

Con el sol en su apogeo, nos dirigimos a una mesa especialmente preparada para los socios en la terraza del restaurante Gaia. Allí disfrutamos de un exquisito almuerzo de pasos mientras continuábamos degustando una amplia selección de vinos: Ameri Malbec, Gaia Cabernet Sauvignon, Gaia Espumante Rosé, Gaia Pinot Noir Rose, Gaia Cabernet Franc, Bousquet Reserva Malbec 100, Bousquet Gran Malbec y Charmat Brut Rosé. Una sobremesa amena y prolongada en un entorno inmejorable, donde la pasión por el vino y la innovación se fusionaban a la perfección.

Bodega Huarpe Riglos: Un legado familiar entre las estrellas mendocinas

José Hernández Toso, continuando la tradición de su bisabuelo, el legendario Pascual Toso, dio vida en 2003 a la bodega Huarpe. En 2016, la bodega se asoció con Riglos, perteneciente a Darío Werthein y Fabián Suffern. Al caer la noche del sábado, nos recibieron el fundador, director y enólogo de la bodega, junto a su esposa, su hijo y su hermano, quienes con enorme calidez nos abrieron las puertas de su hogar vitivinícola.

Huarpe Riglos se destaca por ser la única bodega del país que ostenta la certificación Kosher, con producciones específicas controladas por miembros de la comunidad judía. Bajo el cielo mendocino totalmente despejado, las estrellas no alcanzaron a iluminar los viñedos. Sin embargo, eso no impidió que recorriéramos las instalaciones de producción y embalaje, donde fuimos guiados por José Hernández Toso y su familia, explicándonos las distintas etapas del proceso del vino y, sobre todo, nos transmitió el profundo significado que este representa para su familia. La pasión por el vino, sin duda, corre por sus venas.

Al finalizar el recorrido, nos dirigimos al restaurante, donde una mesa colmada de embutidos, chacinados, escabeches, verduras, pan casero y, por supuesto, empanadas de carne, nos esperaba. La degustación de vinos fue de lo más variada, comenzando por un Quinto Pinot Rose, continuando con el Cabernet Franc y el Cabernet Sauvignon de la misma línea. Luego, pasamos al Riglos Gran Malbec y a uno de sus vinos íconos: el Historia Agrelo Malbec - Cabernet Sauvignon del 2017. De ese mismo año, degustamos la línea Guayquil El Elegido y finalizamos con el Riglos Gran Corte.

Como broche de oro de esta experiencia memorable, los socios de Bonvivir recibimos un hermoso regalo por parte de la familia Toso Hernández: un vino, símbolo de su pasión y legado. Un detalle que sin duda quedará grabado en nuestros corazones junto al recuerdo de una noche mágica bajo las estrellas mendocinas.

Día 4: Penedo Borges: El cierre perfecto de un viaje inolvidable

El último día del Bonvivir Wine Tour amaneció radiante, como si el sol mendocino quisiera despedirse con un guiño de complicidad. La mañana del domingo nos regaló un breve paseo por los alrededores de la Plaza España, un último contacto con la vibrante ciudad antes de sumergirnos nuevamente en el mundo del vino.

Cerca del mediodía, partimos hacia la última de las bodegas: la octava de aquel domingo otoñal. Una cifra que podría parecer abrumadora, pero que para los socios de Bonvivir solo significaba una cosa: más oportunidades para descubrir nuevos vinos y experiencias memorables. Tere, Paula, Marsus y todo el equipo que nos recibió en cada bodega fueron los artífices de que la pasión por el vino se mantuviera viva hasta el último momento. Su calidez y profesionalismo hicieron de este viaje una experiencia única e inolvidable.

Llegamos a Penedo Borges, una bodega boutique fundada por Euclides Penedo Borges. Nos recibió **Juan Manuel González, uno de los socios y enólogo. **Con una sonrisa de complicidad nos dijo: "Veo caras conocidas por aquí", ya que había viajado en el mismo vuelo que algunos de nosotros desde Buenos Aires hasta Mendoza. La degustación fue de lo más interesante. Mientras recorríamos las instalaciones con copa en mano, tuvimos la oportunidad de probar un Sauvignon Blanc 2023 ya embotellado y, a continuación, el mismo vino directamente desde el tanque. Una experiencia sensorial única que nos permitió apreciar las distintas etapas de la elaboración del vino. Luego, repetimos este ejercicio con el Iconos Malbec de 2024 y el de 2023.

Tras el recorrido, nos dirigimos al restaurante para disfrutar de una exquisita entrada con empanadas y una carne con verduras asadas, maridada con vinos de la línea Prisma: primero el Chardonnay, luego el blend de tintas, y para finalizar, un Cabernet Sauvignon de la línea Selección de Parcelas. Para el postre, el enólogo nos deleitó con el Malbec Tardío, un vino dulce que armonizó a la perfección con los platos dulces. Como broche de oro, nos dividimos en tres equipos para crear nuestro propio blend de tintas, mezclando uvas Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot. Una actividad lúdica y creativa que puso punto final a un viaje inolvidable.

El transfer nos esperaba para concluir esta magnífica aventura por las hileras del vino. Nos despedimos de Mendoza con historias, anécdotas y el paladar impregnado de sabores únicos.

El Bonvivir Wine Tour de este modo llegó a su fin, un viaje que nos invitó a descubrir la magia del vino y la pasión que lo rodea, un legado que Mendoza nos regaló para siempre.

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