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Mendoza en verano es otra cosa. No es solo vendimia, montaña y vino: es atardecer largo, aire tibio, mesas al aire libre y copas que se llenan cuando baja el sol. Y si algo entendió bien la nueva generación de bodegas mendocinas es que el lujo hoy no pasa por lo solemne, sino por la experiencia: comer bien, dormir bien, aprender algo nuevo y sentir que uno está exactamente donde quiere estar.
Desde fogones bajo las estrellas hasta picnics premium, pasando por lodges entre viñedos y experiencias sensoriales, estas son cinco ideas para vivir Mendoza en modo glam, cool y deliciosamente hedonista.
Durigutti Family Winemakers acaba de inaugurar Las Compuertas Bodegón, un espacio al aire libre que combina espíritu de fogón, cocina simple y DJ sets bajo las estrellas. Mesas compartidas, platos estacionales, vinos de la casa y un clima relajado lo convierten en el nuevo punto de encuentro de la zona para cenar sin formalidades, pero con estilo.
En Gualtallary, Domaine Bousquet propone un universo completo: lodge boutique, gastronomía de autor, cabalgatas, fogones, degustaciones a ciegas con estímulos sensoriales y clases de cocina desde la huerta al plato. Todo con foco en sustentabilidad, bienestar y disfrute consciente. Ideal para quienes quieren vino, pero también naturaleza, calma y contenido.
Susana Balbo, en Agrelo se vive desde CRIOS: cocina de fuegos, menús relajados y picnics entre jardines y Cordón del Plata. A eso se suman visitas temáticas, microvinificaciones y experiencias participativas como Blending Art o clases de cocina.
Después de la degustación, la experiencia en Huarpe Riglos sigue con un picnic cuidado al detalle: quesos, panes artesanales, embutidos regionales y vinos propios. Como bonus track cultural, una pieza original del Muro de Berlín intervenida por artistas locales y una colección de arte contemporáneo que conecta vino, historia y creatividad.
Montequieto propone algo más que una visita: invita a habitar el vino. Las recorridas por viñedos y bodega se combinan con degustaciones cuidadas, pero el diferencial aparece al quedarse en Enlace Casa de Huéspedes, una casona del siglo XIX rodeada de viñas, con pileta, servicio personalizado y ritmo de casa privada.
La experiencia se completa en Enlace Restó, donde la cocina de huerta y territorio dialoga con los vinos de la finca. Ideal para quienes buscan calma, paisaje y una inmersión total, sin moverse del mismo lugar.
El nuevo lujo mendocino no se mide en estrellas, sino en momentos: una copa al atardecer, una mesa bajo las estrellas, una mañana entre viñedos. Y el verano es, sin dudas, la mejor excusa para vivirlos todos.
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