Aceite de oliva argentino: regiones, variedades y estilos

Del Arauco riojano a los aceites de Cuyo.

Por Iglesias Alejandro

14 de Septiembre de 2026

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El aceite de oliva suele venir con pasaporte mediterráneo en nuestra cabeza: España, Italia, Grecia. Sin embargo, Argentina juega un partido bastante más serio de lo que muchos imaginan. El país es el principal productor olivícola del Hemisferio Sur, produce unas 33.000 toneladas anuales de aceite y exporta buena parte de esa producción.

La explicación empieza por geografía, pero también por historia. Los españoles introdujeron el olivo durante la época colonial y las oleadas migratorias de italianos y españoles reforzaron después una cultura de mesa donde aceite, vino, pan y cocina casera hablaban el mismo idioma.

Un mapa seco, soleado y perfecto para el olivo

La olivicultura argentina se concentra en La Rioja, San Juan, Mendoza y Catamarca, con presencia también en Córdoba, Buenos Aires, San Luis y Río Negro. Los paisajes cambian, pero muchas zonas comparten clima seco, abundante sol y disponibilidad de riego, condiciones que permiten controlar el desarrollo del fruto y obtener aceites de gran intensidad aromática.

La Rioja mantiene un fuerte perfil ligado a la aceituna de mesa y al Arauco. San Juan, Mendoza y Catamarca desarrollaron una producción con mayor peso de variedades destinadas a aceite. Mendoza agregó otro dato al mapa: en 2022 obtuvo la Indicación Geográfica Aceite de Oliva Virgen Extra de Mendoza, la primera de su tipo en Latinoamérica.

Arauco: nuestro Malbec del olivo

Si Argentina tiene una variedad para sacar pecho, es Arauco. También conocida como Criolla, es la única variedad argentina reconocida en el Catálogo Mundial de Variedades de Olivo. Su historia quedó ligada al Valle de Arauco, en La Rioja, donde todavía sobrevive el célebre Olivo Cuatricentenario de Aimogasta.

Sus aceites suelen ofrecer carácter intenso, con amargor y picor marcados y aromas que pueden recordar a hierbas, hojas verdes y frutos secos. Es una variedad que difícilmente pasa desapercibida por el paladar.

Junto a ella aparecen cultivares internacionales como Arbequina, Frantoio, Picual, Coratina y Manzanilla, que los productores interpretan según clima, suelo y momento de cosecha.

Ahora miremos la etiqueta

El aceite de oliva ocupa un lugar curioso en nuestra cultura gastronómica. Forma parte de recetas familiares, ensaladas, pastas, panes y mesas con raíces españolas e italianas, pero durante mucho tiempo lo usamos prestando poca atención a su procedencia. Eso empieza a cambiar. Conocer la variedad, la región y la cosecha permite entender por qué un aceite puede resultar verde y picante, otro más frutado y amable, y otro dejar recuerdos de hierbas o frutos secos.

Argentina exporta cerca del 80% del aceite que produce. Buena parte de nuestra producción, entonces, encuentra consumidores fuera del país. Para quienes vivimos acá queda un ejercicio bastante más sencillo: empezar a reconocer en la botella nombres como Arauco, Mendoza, San Juan, La Rioja o Catamarca.

La próxima vez que pongas aceite de oliva sobre un tomate, un pan o unas verduras recién salidas del horno, probalo antes de mezclarlo con el plato. Quizás llevamos siglos teniendo el olivo cerca y recién ahora estamos aprendiendo a mirar qué aceite ponemos sobre la mesa.

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