
Bonvivir Wine Experience 2026: más de 200 vinos para descubrir en una noche
28 de Agosto de 2026
Por Iglesias Alejandro
27 de Agosto de 2026
Abrís ese vino que venías guardando y el corcho se parte. Servís otra botella y encontrás unos cristales sospechosos en el fondo. Alguien vuelca una copa sobre el mantel. En pocos segundos, una cena tranquila puede adquirir cierto clima de guardia enológica.
Antes de dar una botella por perdida, conviene conocer algunas soluciones. Las redes ofrecen trucos para casi todo, aunque varios aportan más espectáculo que utilidad. Estos cinco hacks resuelven problemas frecuentes y, de paso, ayudan a entender un poco mejor qué ocurre dentro de la botella.
Conservá la calma y el vino. Si todavía sobresale una parte del corcho, introducí el tirabuzón en diagonal sobre el fragmento más firme y girá despacio. Evitá perforarlo hasta el fondo para reducir las migas.
Si el corcho cae dentro de la botella, serví el vino a través de un colador fino o filtralo al pasarlo a un decanter.
Un dato despeja otra duda habitual: encontrar pedacitos de corcho en el vino no significa que esté “acorchado”. Ese defecto aparece por compuestos como el TCA y se reconoce por aromas que recuerdan al cartón húmedo o a un sótano con humedad.
Abrís una botella y descubrís cristales adheridos al corcho o depositados en el fondo. La primera reacción suele incluir una inspección digna de CSI.
En muchos casos encontraste cristales de tartrato, compuestos naturales que pueden precipitar cuando el vino permanece expuesto al frío. Resultan inocuos y no modifican el sabor.
Algunas bodegas someten sus vinos a estabilización tartárica para evitar su aparición; otras prefieren intervenciones menores. Si los encontrás, podés dejar el depósito en la botella o filtrar el último tramo al servir.
La famosa cucharita colocada en el cuello de una botella abierta lleva décadas pasando de sobremesa en sobremesa. Podés dejarla en el cajón.
Para conservar las burbujas necesitás frío y un tapón diseñado para espumantes. La baja temperatura ayuda a mantener el dióxido de carbono disuelto y el cierre reduce su pérdida.
Guardá la botella tapada en la heladera. Según el estilo y cuánto vino haya quedado, todavía podrás encontrar buenas burbujas durante los días siguientes.
Los depósitos oscuros que aparecen en algunos tintos tampoco anuncian una catástrofe. Vinos con cierta evolución y algunas etiquetas con poca filtración pueden presentar sedimentos formados por pigmentos, taninos y otros componentes.
Dejá la botella parada unas horas para que las partículas se acumulen en el fondo. Después serví con movimientos suaves.
Para jugar por un minuto al sommelier clásico, colocá la luz del celular debajo del cuello mientras servís o decantás. Cuando veas acercarse el sedimento, frená. Elegancia opcional; pulso firme obligatorio.
Acá sí conviene moverse rápido. Colocá papel absorbente o un paño limpio sobre la mancha y presioná para retirar la mayor cantidad de líquido posible. No frotes, porque extenderás los pigmentos entre las fibras.
Después tratá la zona con agua fría y un producto apto para el tejido antes del lavado. Evitá aplicar calor mientras quede pigmentación: puede fijar la mancha.
La sal, el vino blanco y otros remedios de sobremesa tienen fanáticos. Absorber, tratar y lavar ofrece un procedimiento bastante menos pintoresco y mucho más sensato.
La próxima vez que medio corcho termine flotando en un Cabernet o aparezcan cristales sospechosos en el fondo de una botella, ya sabés qué hacer. Para el mantel blanco después de la segunda copa, quizás convenga guardar esta nota en favoritos.
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