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Locro, empanadas y vino

Ideas frescas y vinos argentinos sin caer siempre en el mismo Malbec.

Por Alejandro Iglesias

22 de Mayo de 2026

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En Argentina, las fiestas patrias tienen algo hermoso: siempre terminan alrededor de una mesa. mayo, junio y julio están llenos de excusas para cocinar mucho, comer lento, repetir empanadas y cantar el himno con una copa en la mano. Y aunque el vino suele estar presente, muchas veces entra tarde a la conversación. Como si cualquier tinto robusto resolviera automáticamente locro, pastelitos y guisos patrióticos. Pero no. Hay mejores caminos. Mucho más interesantes.

Locro: menos potencia, más fluidez

El gran error con el locro es pensar que necesita el vino más musculoso de la mesa. En realidad, pasa lo contrario. Entre el picante, el calor de la preparación y la grasa del plato, los vinos excesivamente alcohólicos o muy cargados de madera suelen cansar rápido. Lo que funciona mejor son tintos jóvenes, jugosos y con buena acidez. Ahí aparecen aliados perfectos como: • Bonarda fresca • Malbec joven • Criolla servida apenas refrescada • incluso algunos Semillón con textura y tensión Sí, blanco con locro. Y funciona sorprendentemente bien.

Empanadas: el verdadero caos del maridaje

Porque no existe “la empanada”. Hay de carne cortada a cuchillo, tucumanas, salteñas, fritas, al horno, picantes, con papa, con comino… una pequeña anarquía deliciosa. Con empanadas criollas clásicas, me gusta pensar en vinos de perfil gastronómico y poco maquillaje: • Pinot Noir patagónico • Criolla • Garnacha • o un rosado seco bien fresco

¿Por qué? Porque acompañan la masa, la jugosidad y las especias sin transformar la comida en una competencia de potencia.

Y además tienen algo clave: invitan al siguiente bocado.

Pastelitos y el arte de no empalagar

Acá solemos cometer otro pecado nacional: abrir vinos demasiado dulces para postres que ya vienen cargados de azúcar. Con pastelitos de membrillo o batata funcionan muchísimo mejor: • espumosos Extra Brut • vinos de cosecha tardía con buena acidez • o incluso Torrontés bien frío

La burbuja limpia, refresca y evita esa sensación de “necesito dormir una siesta urgente” después del segundo pastelito.

El vino patrio ya no es uno solo

Durante años, las mesas patrias parecían tener una sola respuesta: Malbec. Pero hoy el vino argentino está en otro momento. Hay Criollas ligeras perfectas para beber frescas, Garnachas más ágiles, blancos con tensión, rosados serios y espumosos que funcionan increíblemente bien con frituras y comidas especiadas. Y eso cambia todo. Porque estas celebraciones ya no piden vinos solemnes. Piden vinos compartibles. Botellas que circulen. Vinos que acompañen la conversación tanto como la comida.

La nueva tradición puede empezar este año

Las fiestas patrias argentinas siempre van a necesitar locro, empanadas y una mesa larga. Por suerte, el vino también evolucionó para acompañarlas mejor. Así que este año, además de discutir si el locro lleva porotos o no, animate a cambiar la botella. Probá servir un tinto más fresco. Un blanco con tensión. Un rosado inesperado.

A veces, la mejor manera de honrar las tradiciones es dejarlas de lado.

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