
Primavera en los viñedos: de la brotación a las primeras uvas
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Por Alejandro Iglesias
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“Qué lindo trabajo: viajar, probar vinos y comer rico”. Todo sommelier escuchó esa frase alguna vez. Y aunque algo de verdad tiene, la realidad es bastante más compleja. Porque detrás de cada recomendación, cada carta de vinos o cada selección bien pensada, hay muchísimo estudio, sensibilidad y experiencia.
Cada 3 de junio se celebra el Día Internacional de la Sommellerie, una fecha que recuerda la fundación de la Association de la Sommellerie Internationale en 1969. Y este año, además, la celebración tiene un valor especial para nuestro país: la Asociación Argentina de Sommeliers cumple 25 años, consolidando el enorme crecimiento de la profesión en Argentina.
Durante años, la imagen clásica del sommelier fue bastante formal: traje impecable, decantador y una carta infinita bajo el brazo. Pero el oficio cambió muchísimo. Hoy hay sommeliers trabajando en bodegas, hoteles, wine bars, medios, escuelas, eventos y clubes de vino. También creando contenido, comunicando en redes sociales y diseñando experiencias para consumidores cada vez más curiosos.
Porque el vino también cambió: necesita menos solemnidad y más cercanía.
Sí, un sommelier puede detectar aromas rarísimos en una copa. Desde tiza mojada hasta pimienta blanca o piel de pomelo. Pero la herramienta más importante no siempre está en la nariz, sino en la capacidad de interpretar personas.
Recomendar vino implica entender gustos, momentos, presupuestos y hasta estados de ánimo. Hay técnica, claro, pero también empatía.
Además, detrás de cada copa hay muchísimo trabajo invisible: regiones, variedades, servicio, gastronomía, geografía, tendencias y horas interminables de degustación.
En las últimas dos décadas, la sommellerie argentina creció de manera enorme. Nuevas generaciones de profesionales ayudaron a transformar el lenguaje del vino: más claro, más relajado y mucho más conectado con el disfrute real. Y eso impactó directamente en la forma en que consumimos vino hoy.
En BONVIVIR, la sommellerie es parte central de la experiencia. Detrás de cada selección hay catas, debates, análisis y muchísimas botellas probadas antes de llegar a los socios.
Los sommeliers del club, Teresa García Santillán, Vero Gurisati y Ale Iglesias, no solo eligen vinos: también desarrollan contenidos, proponen maridajes y ayudan a transformar cada caja en una experiencia mucho más completa.
Porque al final, el gran trabajo del sommelier no es impresionar con tecnicismos. Es lograr algo mucho más difícil: que cada copa se disfrute más. Y eso merece, definitivamente, un brindis.
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