
Aceite de oliva argentino: regiones, variedades y estilos
14 de Septiembre de 2026
Por Iglesias Alejandro
14 de Septiembre de 2026
La primavera cambia el menú antes de que uno se dé cuenta. Aparecen ensaladas con más protagonismo, pescados, verduras, picadas largas, almuerzos que se estiran y cenas que empiezan más tarde. También vuelven balcones, patios y terrazas, donde una botella puede acompañar varias horas de conversación.
El vino sigue ese cambio. Con temperaturas más altas y comidas más livianas, buscamos frescura, facilidad de trago y botellas capaces de adaptarse a mesas menos formales.
Sauvignon Blanc, Semillón, Chenin Blanc, Riesling y Chardonnay sin exceso de madera ganan terreno por su acidez y funcionan bien con vegetales, pescados y platos ligeros. Los rosados secos y espumosos cubren un territorio todavía mayor, desde el aperitivo hasta la cena. Entre los tintos, Pinot Noir, Criolla, Garnacha, Bonarda y algunos Cabernet Franc de perfil jugoso permiten beber tinto sin cargar la copa de alcohol, taninos o madera.
La clave está tanto en elegirlos como en servirlos.
El famoso “tinto a temperatura ambiente” puede jugar una mala pasada. Una habitación a 24 °C deja al vino demasiado caliente, acentúa el alcohol y reduce su sensación de frescura. Como referencia práctica, serví espumosos entre 6 y 8 °C; blancos y rosados entre 8 y 12 °C; tintos ligeros entre 12 y 14 °C y tintos con mayor cuerpo alrededor de 16 a 18 °C. Un Pinot Noir, Bonarda o Garnacha puede pasar 20 o 30 minutos por la heladera antes de abrirlo. Si después se calienta en la copa, la frapera también acepta tintos. No hace preguntas.
En reuniones al aire libre, mantener la temperatura importa tanto como alcanzarla. Para blancos, rosados y espumosos, llená la frapera con hielo y agua. El agua fría rodea la botella y permite enfriarla con mayor eficacia que una montaña de cubitos. Evitá llenar las copas hasta arriba. Servir cantidades menores mantiene mejor la temperatura y permite renovar el vino antes de que el sol haga su trabajo. Y si sobra botella, tapala y guardala en la heladera. También el tinto. El frío ralentiza su evolución una vez abierto.
Las reuniones de primavera suelen mezclar quesos, empanadas, vegetales grillados, sushi o pizza. Conviene elegir vinos flexibles. Un rosado seco atraviesa buena parte de ese menú. Un espumoso funciona con frituras y quesos; un blanco con buena acidez acompaña pescados y vegetales. Los tintos ligeros entran cuando aparecen pastas o carnes blancas. También podés abrir una botella para vos. Una copa al final del día tiene la misma legitimidad que una mesa para ocho.
La primavera ofrece una buena excusa para revisar qué bebemos, pero también a qué temperatura, en qué cantidad y con quién. En tu próxima selección, probá salir de la botella de siempre: sumá un blanco que no conozcas, un rosado seco o un tinto ligero y servilo unos grados más fresco. Después elegí la mesa. Amigos, familia, pareja o, por qué no, sólo vos.
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