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Malbec: 7 datos curiosos

De reina medieval a ícono argentino: cinco historias para lucirte en abril.

Por Alejandro Iglesias

30 de Marzo de 2026

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El Malbec juega de local. Está en todas las cartas de vino, sobremesas, regalos y celebraciones. Pero cada tanto conviene sacarlo de su zona de confort y mirarlo con otros ojos. Porque detrás de su fama hay historias dignas de una serie: reinas influyentes, crisis climáticas y viajes que cambiaron el rumbo del vino argentino.

Acá van cinco datos curiosos para entender por qué el Malbec es mucho más que “el tinto que siempre funciona”.

1. Una reina fue su primera embajadora

Mucho antes de que Argentina lo adoptara como bandera, en el siglo XIII, el Malbec brillaba en Cahors, al suroeste de Francia. En ese entonces, los vinos de la región ya circulaban por Europa con bastante prestigio. Y sí, figuras como Eleanor of Aquitania ayudaron a posicionarlos en las cortes. Si hoy habláramos en términos modernos, diríamos que fue una influencer con corona.

2.Los “vinos negros” de Europa

Durante siglos, los vinos de Cahors eran conocidos como vinos negros, por su intensidad de color y estructura. Oscuros, profundos, casi opacos: una firma que todavía hoy se percibe, aunque en versiones más pulidas.

3. Tiene más alias que un personaje de novela

Malbec, Cot, Auxerrois, Pressac. Dependiendo de dónde lo encuentres, cambia de nombre como si jugara a las escondidas. Este desfile de identidades no es caprichoso: refleja su historia de viajes, adaptaciones y reinterpretaciones según cada región.

4. En Burdeos supo ser protagonista

Hoy el Cabernet Sauvignon domina el imaginario bordelés, pero hasta el siglo XIX el Malbec tenía una presencia mucho más importante en los viñedos de la región. Era parte clave del ensamblaje, antes de que la historia (y el clima) reescribieran el reparto.

5. Un desastre climático cambió su destino

Primero, la filoxera diezmó la hectáreas de Malbec en Europa y más tarde, en 1956, una helada histórica golpeó Burdeos con fuerza. Muchas variedades resistieron; el Malbec no tanto. Gran parte de sus viñedos desaparecieron y no volvieron a plantarse. Mientras tanto, en Argentina ya había echado raíces. Sin ese episodio, tal vez hoy estaríamos hablando de otra cepa como emblema nacional.

6. En Argentina no solo sobrevivió: se reinventó

El mismo varietal que en Francia podía resultar rústico y tánico encontró en Mendoza, Salta o Patagonia un nuevo registro. Más fruta, mejor equilibrio, mayor precisión. No es una versión “mejor” ni “peor”: es otra interpretación, afinada por el clima, los suelos y, claro, por generaciones de enólogos que entendieron cómo leerlo.

7. No existe “el” Malbec

Hablar de Malbec en singular es casi injusto. Uno de Luján de Cuyo no se comporta igual que uno del Valle de Uco. Y si viajamos al norte o al sur, el contraste es todavía más marcado. Cambian la textura, la acidez, el perfil aromático. Es como escuchar el mismo tema en distintas versiones: la melodía está, pero el ritmo cambia.

El 17 de abril, en el marco del Malbec World Day, el mundo levanta la copa por esta variedad. Pero más allá de la fecha, el verdadero encanto del Malbec está en su capacidad de seguir contando historias.

La próxima vez que sirvas una copa, probá esto: en lugar de describirlo, preguntate de dónde viene y qué tiene para decir.

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