Cepas de vino
Te invitamos a un viaje a través de cepas no tradicionales.
¿Sabías que hay vida más allá del Malbec, el Chardonnay y el Cabernet?
Estoy seguro que cada vez que querés elegir un vino se tu presenta una especie de deja vú en el que solo ves Malbec, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Franc, Torrontes… los clásicos de siempre, como si el mundo del vino fuese solo un puñado de nombres familiares.
Pero, ¿y si te dijera que existen variedades de uva tan extraordinarias como poco conocidas, listas para darle un giro inesperado a tu paladar?
Es más, casi que me animo a decirte que las diez cepas que más consumimos representan más del 80% del consumo global aunque se trata de, como mucho, el 10% de las variedades que existen en el mundo. ¿Sorpresa? Pero expliquemos porque sucede esto. La popularidad de ciertas uvas no es casualidad: historia, marketing y tendencias han definido nuestras preferencias, haciendo que algunas dominen el panorama mientras otras permanecen en la sombra.
Pero más allá de los grandes éxitos, hay auténticas joyas escondidas, uvas que desafían lo convencional y ofrecen perfiles de sabor únicos, perfectos para quienes buscan salir de la rutina vinícola.
El mundo del vino, a pesar de su aire sofisticado, puede ser súper conservador. Lo conocido siempre vende, y los productores rara vez arriesgan con lo desconocido. Sin embargo, para los aventureros del paladar, probar uvas menos comunes no es solo una elección audaz, sino una oportunidad de descubrir aromas y texturas que no imaginaban.
Así que si sos de los que disfrutan explorar más allá de lo evidente, sigue leyendo. Te llevaremos por un recorrido a través de variedades no convencionales en Argentina que merecen llenar tu copa. Es hora de romper con la monotonía y brindar por lo inesperado.
Petit Verdot: Aunque suele usarse en cortes, en Argentina ha ganado protagonismo en vinos monovarietales. Se cultiva principalmente en Mendoza, ofreciendo tintos estructurados, de alta acidez y notas especiadas.
Albariño: super popular en Galicia, Portual y también en Uruguay, es muy novedosa en Argentina. Su cultivo se destaca en la región atlántica y, curiosamente, en Mendoza. Produce vinos blancos frescos y aromáticos, con notas cítricas y minerales, ideales para mariscos y pescados.
Tempranillo: Si bien llegó a Argentina de la mano de los inmigrantes españoles y supo ser popular en Mendoza hoy es una rareza. Genera tintos versátiles, con cuerpo medio, taninos suaves y notas de frutos rojos, cuero y especias.
Garnacha: Su presencia crece en Mendoza y el Noroeste ya que es una cepa que ama el sol. Se vinifica en tintos y rosados ligeros, con frescura, buena acidez y aromas de frutos rojos y especias.
Tannat: Tradicional de Uruguay, en Argentina prospera en Salta y Mendoza. Produce vinos potentes, con taninos firmes y notas de frutas negras, cacao y cuero, ideales para guarda.
Semillón: Histórica en Argentina, su producción recuperó protagonismo en Mendoza y la Patagonia. Da vinos blancos con buena acidez, cuerpo medio y notas de miel, frutas blancas y flores.
Chenin: Con gran tradición en San Rafael y resto de Mendoza, genera vinos blancos frescos y equilibrados. Presenta notas de manzana, pera y miel, y se vinifica en estilos secos y dulces.
Riesling: Aunque poco extendida, se cultiva en zonas frías como la Patagonia, Valle de Uco y parajes de altura en Salta. Produce blancos aromáticos, con acidez vibrante y notas de lima, durazno y mineralidad marcada.
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