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Qué nos deja el 2015

<!DOCTYPE html><html><head></head><body><p>Diciembre es tiempo de balance y hoy recorremos las tendencias que marcaron los últimos meses de la industria.</p></body></html>

BONVIVIR

4 de diciembre de 2015

Notas:

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Alejandro Iglesias

 

Como todas las industrias, la vitivin&iacute;cola tiene sus tendencias y sucesos relevantes. A veces, esto responde a la influencia de otros mercados, la demanda de los clientes o bien la evoluci&oacute;n de la misma industria. Si se pone debajo de la lupa a la industria vitivin&iacute;cola se puede notar que sus protagonistas son inquietos y est&aacute;n decididos a demostrar sus avances e innovaciones. En este sentido estos son los temas que marcaron la agenda durante los &uacute;ltimos doce meses.

 

Altura sin limites. En Argentina, la altura de los vi&ntilde;edos permite compensar el clima c&aacute;lido que azota a las regiones vit&iacute;colas con al fr&iacute;o de las monta&ntilde;as. Pero no siempre m&aacute;s altura asegura mejores condiciones para el cultivo. La naturaleza impone sus l&iacute;mites y si se asciende m&aacute;s de la cuenta las plantas no maduran y pueden perecer en el intento. Ese l&iacute;mite, en Mendoza, por ejemplo, estuvo instalado por a&ntilde;os a 1350 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, 2015 fue el a&ntilde;o en que la industria demostr&oacute; que esas fronteras naturales pod&iacute;an superarse. En Mendoza el cultivo ya supera los 1450 metros de Tupungato y tambi&eacute;n se obtienen grandes vinos a 1600 metros en Tunuy&aacute;n. All&iacute; bodegas como Salentein, Catena Zapata y Chandon ya obtiene blancos y tintos con frescura filosa y persistente. Mientras tanto un vi&ntilde;edo de Uspallata, regi&oacute;n sin antecedentes vit&iacute;colas, promete grandes vinos a 2000 m.s.n.m. San Juan tambi&eacute;n recurre a la altura para aggiornar el estilo de sus vinos. Con 1500 metro de altura, el valle de Pedernal aporta un nuevo perfil a las l&iacute;neas de alta gama de esta provincia cuyana. Aqu&iacute; los protagonistas son Pyros de Bodega Callia, Fuego Blanco y Finca Las Moras. Salta, provincia que siempre ostent&oacute; los vi&ntilde;edos a mayor altura, hasta 2600 metros, no se qued&oacute; atr&aacute;s. Recientemente Colom&eacute; present&oacute; los dos primeros vinos de Altura M&aacute;xima, un paraje entre 2900 y 3100 metros, hoy el m&aacute;s elevado del planeta.

 

Frescura a la carta. La vivacidad que ofrecen los vinos argentinos est&aacute; estrechamente ligada al punto anterior. Los terru&ntilde;os de altura permiten cultivar vides en climas fr&iacute;os que aseguran niveles m&aacute;s altos de acidez y con esto paladares m&aacute;s frescos. Es por esto mismo que la industria no detiene su ascenso en la monta&ntilde;a. Sin embargo esta frescura tambi&eacute;n se debe a novedosas pr&aacute;cticas vinculadas con la elaboraci&oacute;n que ya se aprecian en los vinos. Hoy los en&oacute;logos recurren, por ejemplo, a diferentes tiempos de cosechas. La mayor&iacute;a reemplaza la sobre madurez en la vi&ntilde;a que aseguraba vino profundos y musculosos por vendimias tempranas. De este modo, la acidez natural se mantiene alta y los vinos resultan no solo frescos sino tambi&eacute;n m&aacute;s francos al terroir. Por otro lado el menor uso de roble o la utilizaci&oacute;n de barricas de segundo y tercer uso ayudan a que los vinos se conserven ligeros y delicados. Otros recursos que permiten esto, y son cada vez m&aacute;s vistos, son el regreso a las piletas de concreto, el uso de huevos de hormig&oacute;n y los grandes fudres. Todas pr&aacute;cticas que ponen en retroceso el protagonismo del roble y la concentraci&oacute;n en pos de vinos austeros y f&aacute;ciles de beber.

 

La vuelta de los cl&aacute;sicos. Hace veinte a&ntilde;os la industria v&iacute;nica asumi&oacute; un fuerte compromiso con la calidad. Inmediatamente se dejaron de lado las regiones vit&iacute;colas tradicionales por otras que promet&iacute;an mejores resultados y con ellas las cepas que hab&iacute;an cimentado la historia del vino argentino. Desde entonces el protagonista es el Malbec. Con m&aacute;s del 30% de la superficie nacional cultivada con este varietal insignia muchas cepas cl&aacute;sicas quedaron en segundo plano, algo que hoy la misma industria busca revertir. Entre las variedades que volvieron a escena durante 2015 el caso m&aacute;s curioso es el de las Criollas, uvas que durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas fueron consideradas de bajo nivel enol&oacute;gico. &Eacute;stas regresan de la mano de en&oacute;logos consagrados que buscan en ellas diversidad y car&aacute;cter. Una actualidad similar es la de los Moscateles, Chenin Blanc, Semill&oacute;n y Pedro Gim&eacute;nez. Varietales por a&ntilde;os muy consumidos en el pa&iacute;s. Vale aclarar que esto no es una decisi&oacute;n caprichosa de la industria local, sino que existe una tendencia global por reivindicar cepajes aut&oacute;ctonos e hist&oacute;ricos, algo que Argentina promete cumplir durante estos a&ntilde;os.

 

La hora del microterru&ntilde;o. Sabemos que la palabra terroir ocupa el centro de la escena v&iacute;nica local. Cada bodega destina horas y recursos a comprender cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas principales de sus vi&ntilde;edos y cu&aacute;l su potencial. Estos estudios permiten identificar los matices que el terroir puede imprimir a cada varietal. De este modo las bodegas subdividen sus vi&ntilde;edos en busca de la mejor expresi&oacute;n para cada cepa y esto da lugar a parcelas, hileras y &ldquo;manchas&rdquo; dentro de la vi&ntilde;a cuyo car&aacute;cter merece ser embotellado. Gracias a esto, la industria no solo ofrece vinos de diferentes or&iacute;genes sino tambi&eacute;n etiquetas que expresan las particularidades de cada rinc&oacute;n de estas regiones. Un camino que permite a los en&oacute;logo lograr vinos cada d&iacute;a m&aacute;s sofisticados bajo el concepto de &ldquo;Finca&rdquo;, como es el caso de los nuevos vinos de Sebasti&aacute;n Zuccardi en su vi&ntilde;edo de Altamira o los que Alejandro Vigil produce en Gualtallary para Catena Zapata.

 

Cada origen por su nombre. La implementaci&oacute;n de las Indicaciones Geogr&aacute;ficas es otra tendencia en 2015. Si bien este sistema para la menci&oacute;n de origen y muchas de las regiones comprometidas han sido delimitadas hace a&ntilde;os, lo cierto es que hoy la industria comienza a delinear cu&aacute;l es el car&aacute;cter de cada rinc&oacute;n del pa&iacute;s. Un camino que para muchos es necesario recorrer si la intenci&oacute;n es subir la vara de la industria local. &ldquo;Argentina debe hablar m&aacute;s de sus regiones para superar al varietalismo&rdquo;, sostuvo Luis Guti&eacute;rrez, catador de Wine Advocate, en su &uacute;ltima visita. Una visi&oacute;n que comparten muchos winemakers locales. &ldquo;Ya no alcanza con hablar de Malbec, es importante el d&oacute;nde&rdquo;, suele recalcar Sebasti&aacute;n Zuccardi. Este camino de sofisticaci&oacute;n para el vino argentino ya permite al consumidor elegir en base a sus preferencias de acuerdo a la personalidad que asegura cada regi&oacute;n. Entre las zonas que ya dan que hablar en este sentido est&aacute;n Altamira y Gualtallary en Mendoza, varios parajes dentro de los Valle Calchaqu&iacute;es, mientras que en Patagonia existen microrregiones como Mainqu&eacute;.

 

Mapa en crecimiento. La aparici&oacute;n de nuevos or&iacute;genes es un fen&oacute;meno que no se detiene. En 2014 se dio a conocer uno de los mas curiosos del pa&iacute;s, la Costa Atl&aacute;ntica. Esto suma un terru&ntilde;o mar&iacute;timo que Argentina no pose&iacute;a junto a vinos muy curiosos. Pero 2015 tambi&eacute;n tuvo sus novedades. No se trata de vi&ntilde;edos reci&eacute;n plantados sino regiones cuyos vinos finalmente fueron presentados en sociedad. Por ejemplo, en San Juan, el valle de Pedernal cumple este rol en una provincia donde los vi&ntilde;edos siempre se ubicaron en climas c&aacute;lidos y que as&iacute; suma un terru&ntilde;o fr&iacute;o de altura que promete cambiar la imagen de sus vinos. En el Noroeste, la provincia de Catamarca vuelve a escena de la mano de Cha&ntilde;ar Punco, una regi&oacute;n recientemente impulsada por Bodega El Esteco, y no se deber&iacute;a olvidar la aparici&oacute;n de los vinos Colom&eacute; Altura M&aacute;xima obtenidos en Payogasta, Salta.

 

Bag in Box. Este envase, de tres o cinco litros, es otro de los protagonistas del a&ntilde;o. Finalmente la industria se anim&oacute; a envasar en este formato vinos de gamas altas que permiten comprobar las ventajas de su tecnolog&iacute;a. Se trata de una bolsa pl&aacute;stica contenida dentro de una caja de cart&oacute;n que incluye una grifo por donde servir el vino. Gracias a su tecnolog&iacute;a y al efecto del vac&iacute;o la bebida se conserva hasta por 180 d&iacute;as desde su apertura, una virtud que ning&uacute;n otro envase ofrece. Con n&uacute;meros muy alentadores en el mercado son cada vez m&aacute;s las bodegas que ofrecen el sistema que relanzaron en 2015 marcas como Las Perdices, Casarena, Mauricio Lorca, Suter y La Escondida.

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