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La dama del vino.

Susana Balbo, enóloga y propietaria de la exitosa bodega Dominio del Plata.

Alejandro Iglesias

17 de mayo de 2011

Notas:

Por Alejandro Iglesias, sommelier AAS*.

 

Hemos conocidos varios protagonistas de la escena actual de nuestra industria vitivinícola y sus historias pero la de hoy sin dudas es diferente. Su protagonista es Susana Balbo, una de las enólogas más influyentes de nuestro país y propietaria de una exitosa bodega de reconocimiento internacional, Dominio del Plata. Pero esta tenaz mendocina, descendiente de bodegueros, que llegaría a la enología por “descarte”, debió transitar un largo camino que implicó ni más ni menos el desafío de posicionarse en una industria dominada por señores enólogos. Susana no bajó los brazos y encaró este reto haciendo gala de su talento que la ubicaría en lo más alto de la escena vitivinícola argentina y la llevaría a ocupar cargos muy importantes en el sector sin abandonar jamás el amor por sus hijos, su gente, su origen y la naturaleza. Los invito a conocer a alguien cuya inspiración es la vida misma.

 

El comienzo, ¿desde cuándo estás en el ámbito de la vitivinicultura y cómo fueron los comienzos?
Estoy en la vitivinicultura hace 29 años, pero a diferencia de otros, yo llegué por descarte!!!

 

¿Por descarte? ¿Cómo fue eso?
Por aquella época mi intención y vocación era estudiar física nuclear en el Instituto Balseiro, pero mis padres no me dejaron. En aquel tiempo era impensable que una mujer saliera de su casa sin estar casada. Por lo tanto tuve que decidirme por alguna carrera que se pudiese estudiar en Mendoza. Tal vez parezca una historia de la edad media pero así era entonces.

 

Encima por aquel entonces la enología era un ámbito casi exclusivo de los hombres,que desafíos planteaba esta condición?
En los comienzos nos ignoraban, (por suerte, si no habría sido más difícil) o simplemente no nos creían capaces de perseverar. Creo que siempre estaban esperando que un buen día no volviésemos más: “Ya está, se fueron”.
Pero los desafíos siempre son muchos para cualquier profesional joven más allá del género. Como cualquier nuevo profesional tuve que demostrar que era merecedora de la confianza que depositaron en mí al darme el primer trabajo, que era capaz de desenvolverme con soltura y seguridad en un ambiente para nada fácil. Y obviamente que el hecho de ser de las primeras mujeres en el rubro era un reto adicional.

 

¿Y cómo definirías el rol de las mujeres en la industria en la actualidad?
Hoy el rol de la mujer brinda una cosmovisión del área. Nos involucramos mucho en la vida de nuestros empleados. No porque seamos “chusmas” si no porque entendemos y compartimos desde nuestro corazón las dificultades que enfrentan, de este modo se consolidan lazos muy fuertes. No permanecemos indiferentes. En cuanto a lo profesional somos multitask, hacemos todo eso además de ser buenas empresarias y excelentes enólogas.

 

Volviendo a tus comienzos profesionales, ¿dónde fueron?
Empecé en los Valles Calchaquíes, en una época donde eran poco menos que dominios feudales de pocas familias y la mayoría de los empleados eran aborígenes de la región. El primer desafío fue aprender a comunicarme con ellos para que los trabajos se hicieran bien. La calidad de un vino es una suma de pequeños detalles, los errores se pagan caros y la cosecha es una única oportunidad en el año. Había mucho por enseñar y aprender.

 

Enmarcada en ese contexto, ¿cómo definirías el escenario vitivinícola de aquella época?

Básico, elemental, vinos simples, por falta de conocimientos científicos que han sido develados en los últimos 20 años.

 

Y el consumidor ¿cómo era?
Menos exigente. Tenía menos información y sólo los pocos que viajaban por el mundo conocían otros vinos. Eran menos críticos, menos curiosos. Se consumía mucho porque nuestro estilo de vida era más relajado, todos dormían siesta o hacían un corte al mediodía, entonces tomaban vino (con soda la mayoría de las veces).

 

Entonces, ¿qué diferencias observas con la escena actual?
Todas!!! Hay más conocimiento, tecnología, investigación. Y sobre todo la comunicación, responsable de la gran revolución del mundo vitivinícola, como en todas las otras áreas del conocimiento y desarrollo humano.

 

¿Al consumidor también lo ves diferente?
Totalmente. En cuanto al vino hoy está educado, es selectivo, curioso, aspiracional y muy exigente. No importa el precio que haya pagado por un vino, desde el que consume vinos de tetrabrick hasta el que adquiere los más caros… todos quieren acertar en su inversión, exigen la calidad por lo que han pagado. Además se atreve cada vez más a cambiar buscando la satisfacción que desea en el producto que compra.

 

Volvamos a tu trabajo, después de tantos años elaborando vinos… ¿qué te inspira hoy a la hora de crearlos?
La vida. El ver a mi alrededor. Las experiencias cotidianas. Si observo que los consumidores cuidan su salud debo pensar en un producto que a ellos les complazca comprar, que sea muy natural, que provenga de viñedos sanos. No hablo de orgánico ni biodinámica. Sí sostengo y promuevo la sustentabilidad, la biovitivinicultura, es decir, la vitivinicultura que respeta el medio ambiente con su fauna y flora.

 

¿Hoy qué de vinos te gusta elaborar y cuáles tomar?
Todos. Los vinos están íntimamente ligados a nuestra vida y nuestras experiencias, a nuestros momentos y gracias a Dios -y a los enólogos- tenemos tanta diversidad que podemos encontrar uno para cada situación.

 

¿Y a qué enólogos les agradecés?, ¿cuáles son tus favoritos?
Todos, cada uno tiene su personalidad y ésta se refleja en sus vinos.

 

¿Cómo ves la nueva generación? Acá me imagino que tenés un favorito…
Hay una grandiosa generación de jóvenes enólogos que será extraordinario seguir de cerca. ¡Mi favorito es mi hijo!

 

¿Y alguna mujer que veas como la próxima Susana Balbo?
Todas. Hay muy buenas! Pero tengo una favorita muy cercana a mi corazón, que todavía está en formación; ya la van a conocer.

 

¿Tu hija?

No, por lástima estudió Administración de Empresas, si no sería mi favorita.

 

Metámonos en un tema más sensible, ¿cuál es tu visión de la industria hoy y cómo la imaginás en unos años? Más allá del Malbec, ¿cómo sigue la película?
La veo en un momento muy difícil, donde hace falta una enorme dosis de creatividad para reinventar los caminos para acercarnos al consumidor, a los mercados, a nuestros trabajadores, a nuestros productores, a la naturaleza.
En el exterior nuestros vinos son “la vecina nueva bonita del vecindario” y eso es genial, pero ojalá sepamos convertirlos en la “vecina más querida del vecindario”.
Me imagino un futuro floreciente y saludable, supimos reinventarnos y estoy segura que seguiremos así, pero debemos continuar trabajando con creatividad, siendo confiables, consistentes, eficientes, amables, humildes y orgullosos de nuestro origen; cuidando profundamente nuestra tierra y nuestras uvas.

 

Siempre se comenta tu rol en el redescubrimiento del Torrontés, ¿qué nos podés contar al respecto?
Es un resumen de todo lo anterior. Así como el futuro está en creer en nosotros, yo creí en el Torrontés. Siempre amé su nobleza, su alegría, sus aromas, su diversidad de expresión. En resumen, le tuve fe, creí en mi capacidad de hacerlo bien, promoverlo y establecerlo en los mercados. Caminé mucho por ello y lo hemos logrado, gracias a que no estuve sola. Fuimos muchos. Pero sí fui la primera en promoverlo personalmente por el mundo. Gracias a eso mi Torrontés es el único vino blanco de Argentina entre 7 de todo el mundo listado por 2 años en la cadena Shangrila de Asia. Fue un camino largo, pero nunca dejé de defender sus atributos y demostré al consumidor que tenía fe en lo que decía y les mostraba.
Estoy convencida del potencial del Torrontés, es una gran cepa. Hacen falta más enólogos y empresas que tengan coraje en promover con pasión lo que tenemos.

 

*Miembro de la Asociación Argentina de Sommeliers

www.aasommeliers.com.ar

Entrevista a Olivier Falchi, Chef ejecutivo del Hotel Sofitel Buenos Aires Arroyo

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