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La crack del vino

Charlamos con Agustina de Alba, Mejor Sommelier de la  Argentina 2008 y 2012.

Alejandro Iglesias

27 de noviembre de 2012

Notas:

Agustina de Alba es un caso especial en el mundo del vino argentino.
Desde muy joven descubrió que su pasión venía en blanco y tinto y jamás se le ocurrió un plan B. Ella quería ser sommelier.

 

En 2008 y con solo veinte años dio el gran batacazo al consagrarse mejor sommelier del país, algo que le cambió la vida y disparó su vertiginosa carrera que la llevó a trabajar a diferentes países, conocer importantes personalidades del mundo del vino y la gastronomía y a la vez convertirse en una de las referentes más jóvenes del ámbito local.

 

Hace unas semanas se presentó por tercera vez al Concurso Vino Argentino Mejor Sommelier de la Argentina organizado por al Asociación Argentina de Sommeliers y nuevamente logró el primer puesto. Ya con la agenda algo más relajada nos reunimos con ella y copa mediante charlamos de nuestra pasión en común, los vinos.

 

Por Alejandro Iglesias, sommeleir* (@AleIglesiasWine)

 

¿Qué te hizo tomar la decisión de estudiar sommellerie y qué opinaron en tu casa?
Un viaje que hice con mi papá a Mendoza, cuando tenía 15 años. Fue nuestro primer viaje solos, así que el me pregunto adónde quería ir. Respondí Mendoza porque había visto una foto de montañas y lagos que me encantó. Teníamos todo planeado, mucha actividad de aventura y nada de turismo vitivinícola. Una vez en Mendoza nos cancelaron el primer tour y nos ofrecieron a cambio visitar un par de bodegas. Así visité La Rural y todavía hoy me acuerdo de ese día tan especial como si hubiese sido ayer. Fue amor a primera vista. Regresé al colegio y empecé con la idea de dedicarme al mundo del vino. Un profesor de ingles me escuchó y me contó que el había hecho un curso de vinos en la Escuela Argentina de Sommeliers, que existía la carrera, cuanto duraba y todo lo que se acordaba. Me vio tan emocionada que me trajo el programa de la carrera a la semana. Entonces llamé para averiguar y me dijeron que al ser menor de edad tendría que esperar. Así que a los 18 años, cuando terminé el secundario, me fui a trabajar de camarera a Mendoza, volví, me inscribí y al día siguiente empecé la carrera.

 

Cuando anuncié que quería ser sommelier a mi papá no le gustó nada mientras que para mi mamá estaba bien. Mi papá estaba preocupado y me preguntaba “¿qué vas a hacer? ¿Tomar vino todo el día? ¡Vos tenes que estudiar algo que te guste pero que te dé el título de licenciada!”. Así que para que todos estén contentos y como estudiaba teatro, me inscribí en artes combinadas en la UBA. Hice un cuatrimestre y tuve la suerte de tener bastante trabajo con lo mío, la carrera me demandaba muchísimo tiempo y a la vez empecé a trabajar en una vinoteca. No podía hacer todo al máximo así que priorice la sommeliere. Le puse mucho esfuerzo y logré graduarme con medalla de honor, de ahí en más en mi familia comenzaron a comprender más que era esto que amaba tanto. Por suerte, recibí muchísimo apoyo de mis viejos para crecer y seguir aprendiendo.

 

 

¿Qué significa para vos ser sommelier y qué es lo que más disfrutas de tu trabajo?
Los sommeliers argentinos somos embajadores de nuestros vinos, al menos así me siento yo. Siento que tengo un compromiso de comunicar al vino argentino, si bien no son ´´nuestros´´ los vinos porque no los elaboramos, somos el eslabón que comunica al productor con el consumidor y eso es maravilloso. Lo que más disfruto es viajar a través del vino, conocer personas de diferentes partes del mundo y siempre tener algo en común de que hablar con la mayoría de estas personas. Tengo la suerte de trabajar en Aramburu, que es un lugar muy especial en el que a veces siento que me voy de viaje ya que recibimos personas de todas partes del mundo: Nueva Zelanda, Australia, Francia, Dubai, Mexico, USA, Canada, Brasil, etc etc y me permite conectarme, aprender y comunicar el vino argentino.

 

Este año te presentaste por tercera vez al Concurso Mejor Sommelier de Argentina el cual ya habías ganado en 2008, ¿Qué significa para vos esta “competencia” y cómo te preparas para competir?
Es una de las cosas más lindas que descubrí y viví en mi vida. Me presenté a tres competencias nacionales, y 3 internacionales (2 panamericanos, 1 mundial). Y de cada experiencia aprendo muchísimo. Cada una fue diferente. La primera, en el 2008 tenía apenas 20 años, muchísimo estudio pero era chica, no era consciente, me esforzaba muchísimo como siempre pero no tenía ni la consciencia ni seguridad que tengo hoy, no esperaba ganar y gané. Lo disfruté desde la inocencia. El segundo concurso en el 2010, había estudiado menos, 8 días antes del concurso había llegado de una temporada de trabajo en el exterior pero decidí presentarme igual. Cuando me enteré que estaba nuevamente en la final me puse muy nerviosa y cuando me tocó subir al escenario sentía que no había estudiado lo suficiente y se me vino un blanco mental. Lo sufri. Ese año quedé en segundo lugar. Este año fue mi tercer Concurso al que llegue con más estudio, experiencias laborales en África con Ducasse, en Londres para Gaucho, Los Notros, Aramburu etc etc. De repente comprendí como que todo el trabajo y estudio desde los 18 se fusionó y me sentía muy segura, feliz y relajada. Entendí que lo mas importante de los concursos es disfrutarlo, más allá de los resultados y cuando subí al escenario, lo pase increíble. Lo disfrute muchísimo. Lo bueno es que a lo largo de estas experiencias me acomode y aprendí. Desde diferentes lugares intento exprimir al máximo cada experiencia, algunas mejores que otras pero siempre se aprende.
¡Mi sueño es llegar a la final de un Mundial! Estar entre los mejores del mundo pero bueno para eso me falta… ahora voy preparando el camino. Quizás algún día lo logre, uno nunca sabe.

 

A pesar de tu edad ya has tenido experiencias alrededor del mundo, ¿Qué anécdotas fueron las que más te marcaron?
Tuve la suerte de conocer a muchísima gente valiosa del mundo del vino que me han enseñado a través de estos años.
Mi primera gran anécdota fue cuando trabajaba en Los Notros, recién recibida, como camarera y asistente de sommelier, me gustaba ir y venir con la carta, ofreciendo tragos, vino, whisky, licores y uno de esos días, dos huéspedes me contaron que tenían un bodega de solo dos hectáreas en Pomerol y nos pusimos a charlar. Hablábamos de vinos, les recomendaba vinos constantemente y al final de la estadía les pregunte como se llamaba su bodega y me respondieron ¡Chateau Le Pin! Eran Jacques Thienpont y Fiona Morrison. Me dieron su tarjeta y me invitaron a cosechar con ellos a la siguiente vendimia así que a los 7 meses me fui sola y me quedé dos semanas, cosechando, probando y recorriendo ya que me llevaron a conocer Cheval Blanc, Chateau Ausone, Pavie, etc etc… Después me mandaron a la Toscana a Argiano y a Rioja a Finca Valpiedra. El viaje iba a durar dos semanas y me terminé quedando tres meses.

 

¿Qué diferencias ves en cuanto a esta profesión en el mundo y en Argentina?
Desde el lado de la sommeliere creo que hay países, principalmente en Europa y Norteamérica donde esta profesión tiene más años, entonces está más valorada y apoyada por la industria. Por ejemplo, hace unas semana estuve compitiendo en Brasil por el Concurso Mejor Sommelier de las Américas junto a Paz Levinson y veíamos cómo los candidatos de Estados Unidos y Canadá llegaban con sus sus couchs. Como si fueran deportistas, sponsoreados por la industria del vino (no solo de su país de residencia, por ejemplo la canadiense estaba sponsoreada por varias bodegas de Australia, Canadá y USA). Ellos se venían preparando hace años para esta competencia, algunos no trabajaban (ya que les pagan por estudiar) y otro trabajan medio tiempo. Su couch los acompañó en todo momento y les daba ejercicios constantemente.

 

Lo nuestro es a puro pulmón y gracias a la Asociación Argentina de Sommeliers y su gran equipo que también se rompen el alma para organizar estos concursos cada dos años, conseguir sponsors, armar los exámenes, traer al jurado y demás. Este tipo de eventos y concursos son fundamentales para la sommellerie y el vino argentino.

 

A la hora de elegir un vino, ¿Cuáles son los atributos que más valoras?
Si elijo un vino para un cliente en el restaurant pienso en un vino que cuando lo abra este casi listo para beber, si hay que esperarlo quizás lo propongo como segundo vino pero lo primero que tengo en cuenta es que sea expresivo y esté equilibrado y luego intentó encontrar el mejor estilo para cada paladar.
Si lo elijo para mi, depende en qué situación esté, con quien, si va como aperitivo, para una cena, para navidad… ahora estoy muy abocada a los vinos blancos, casi todo lo que compro es blanco creo que se debe a que trabajo en un lugar con un menú degustación por pasos sorpresa donde la mayor parte del menú se marida mejor con blancos , es por eso que estoy en constante búsqueda.

 

¿Cuáles son las sugerencias que más te gusta compartir con tus comensales para que disfruten de un vino?
La temperatura, el tipo de copa, cuando decanto o trasvase porque lo hago, por ejemplo en el menú de primavera hay un paso que es un cochinillo confitado con helado de mandarina que lo sirvo con Catalpa Chardonnay 2010 que es uno de mis Chardonnay preferidos y hay varios que me dicen: ¿cochinillo con vino blanco? ¿por qué no tinto? ¿cómo lo elegiste?. Al ser un restaurante sin menú fijo, sin menú impreso y lo que más funciona es el maridaje (una selección de 5 vinos sorpresa para acompañar el menú) me gusta proponer otro tipo de maridajes y explicar porqué lo elegí. Al final, siempre lo terminan disfrutando por suerte.

 

¿Cuál fue tu mejor momento junto a una copa de vino?
No se si fue la mejor pero una memorable fue en Londres, hace un mes fuimos con una gran amiga de allá a almorzar a The Fat Duck y el sommelier me invitó con una copa de Puligny Montrachet Olivier Leflaive 2000. Fue el último día antes de volver. ¡Un cierre genial de un gran viaje de estudio!

 

¿Cómo sería para vos una velada ideal? ¿y qué vino elegirías para esa ocasión?
Con mi pareja, en Potrerillos (Mendoza) una noche de luna llena con el cielo lleno de estrellas y elegiría el Trapiche Gran Medalla Malbec 2008.

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